Conor McGregor y Dustin Poirier han escenificado en la vida real lo que Jack London reflejó en el cuento “Por un Bistec”, una inigualable narración sobre el paso de la madurez a la vejez y del surgimiento, desde la juventud, de nuevos héroes, de ídolos que harán olvidar a quienes se encumbraron antes que ellos.
McGregor y Poirier se enfrentaron por primera vez en septiembre de 2014, pero muchas cosas han cambiado desde entonces. McGregor solo tenía tres peleas en su haber cuando se vio en el ring frente a un Poirier ya veterano. El joven McGregor se llevó la victoria del enfrentamiento y su carrera se vio impulsada hacia el ascenso, llegando a convertirse en el líder de las apuestas UFC. Donde McGregor estaba, parecía haber en él un ganador seguro.
El veterano Poirier, por su parte, debió verse a sí mismo como lo hizo el personaje literario que London llamó Tom King: supo que con apenas un par de años menos, gracias a la experiencia acumulada, hubiera vencido la fortaleza del joven rival irlandés. La pelea no hubiese acabado, como acabó, en un minuto y 46 segundos, perdiendo por nocaut técnico, sino que la habría prolongado hasta que McGregor agotara sus fuerzas, víctima de sus ansias de golpear al rival. Entonces hubiese tenido oportunidad de asentar poderosos y precisos golpes. Eso es lo que London narró en su cuento, lo que Alí hizo contra Foreman en Zaire…
Pero la vida es así, y los jóvenes serán capaces de destruir a las leyendas del ring cuando llegue su momento. Poirier se vio obligado a reconstruir su carrera desde abajo, de nuevo a abrirse paso poco a poco.
Mientras un concentrado Poirier se habría paso en la escena de las artes mixtas, la superestrella McGregor aparecía no sólo en las páginas de deportes, sino que se daba tiempo de protagonizar escándalos tanto en Nueva York como en Dublín.
Seguramente Poirier ha leído esos episodios y habrá pensado en cómo el mismo desperdicio parte de su mejor época en decisiones erradas.
Pero ahora la vida los volverá a enfrentar, ya ambos en madurez, este 23 de enero y con las apuestas muy similares a las de la primera vez.
McGregor es el favorito sentimental de muchos, pero allí hay un Poirier que quizás ya completó un ciclo nuevo de la vida y sabe cómo dar la puntilla a la carrera del irlandés. Una buena velada es la que promete este enfrentamiento, sin duda.


