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La falsa idealización de ser feliz con menos; historias de superación

La falsa idealización de ser feliz con menos; historias de superación

Por Lía Gutiérrez

Es muy común encontrarnos en las redes sociales con fotos, vídeos o historias de superación; niños jugando o riendo a pesar de las condiciones precarias de vida que poseen; ancianos trabajando pese a su edad; personas recorriendo decenas de kilómetros a pie para trabajar o ir a la escuela; todo esto con descripciones como “es feliz con lo que tiene” “la felicidad no está en el dinero” “esas sí son ganas de trabajar, de querer salir adelante” “el que quiere puede” “ejemplo a seguir”.

Pero esto solo es un error de percepción. No son felices por su entorno, sino por la acción que están ejerciendo en el momento de la foto, ¿quién asegura que después de un rato de juego van a continuar con la misma sonrisa? Las emociones no son permanentes, como humanos, pasamos por un sinfín de ellas en un solo día; tampoco son inherentes a un estrato social específico. Así que decir que las personas con menos oportunidades son más felices por no tener posesiones, es incorrecto.

También se cae en la tendencia de confundir términos y creer que pobreza es sinónimo de humildad o sencillez, términos, que a lo largo del tiempo han tomado un carácter positivo, pero no tienen ninguna relación con lo económico y social.

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Muchas personas indiferentes con falta de empatía o de análisis relacionan la pobreza con la falta de esfuerzo y por eso suelen hacer comentarios como “el pobre es pobre porque quiere” “vive así porque no se esfuerza” “eso los hace felices, no tienen problemas porque no hacen nada”. Esto es volver a caer en la equivocación de creer que ellos se encuentran en esa situación porque quieren, que su condición es opcional, todo esto para que las personas entren en un estado de paz y tranquilidad con sus consciencias, eliminando toda culpabilidad que les podría provocar disfrutar de los privilegios que la desigualdad económica les provoca.

No nos hemos cuestionado lo suficiente la idealización de el sobre esfuerzo y explotación que tienen que soportar las personas que ni siquiera pueden acceder a sus derechos más básicos; la alimentación, un hogar, servicios, salud, un empleo, educación, transporte, vestimenta y demás. La pobreza o como la mal llaman, “humildad”, no se trata de la ausencia de objetos o posesiones si no de la ausencia de una vida digna.

Se ha convertido en algo normal para muchos, que no se hace más que compartir esas imágenes para deslindarse de su responsabilidad en generar nuevas oportunidades y comenzar por dejar de verlos como bichos raros cuando exigen lo que les corresponde. Por un lado celebran ese esfuerzo que tanto admiran, pero los excluyen de “sus” lugares. Ese falso enaltecimiento solo sirve para segmentarlos, para crear un ejemplo de resignación justificando el sufrimiento con una sonrisa.

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