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El monje castigado por aterrorizar a los purépechas

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Un lamento en voz grave recorre los antiguos pasillos atravesando las paredes haciéndose más lúgubre en los cerrados espacios de los lavabos al tratar de desentrañar el origen se adentra en antiguas leyendas de Michoacán.

En la Casa de las Artesanías se exhiben hoy, valiosas muestras de artesanía que demuestran la gran riqueza cultural michoacana, originalmente este recinto se construyó como el primer convento que se estableció en la ciudad de Valladolid.

En esa época llegó a la ciudad, entre muchos otros, un monje franciscano, de cuyo nombre no existen registros, con la misión de cristianizar a la población indígena de América a través de las Obras Misionales Pontificias, según se dice nunca tuvo en sus planes ingresar a una orden religiosa, y si lo hizo fue en contra de su voluntad.

El método utilizado para lograr el objetivo de la misión era obligar a los indígenas a destruir con sus propias manos sus templos, sus objetos religiosos y propios de su cultura si no lo hacían entonces intervenía cruelmente los soldados.
El monje en cuestión era quien, llevado por su frustración y avaricia, más cruel y despiadadamente se ensañó contra los indígenas, aprovechando su rango para imponerles violentos castigos.

Un día, después de haber infringido un fuerte suplicio a algunos indígenas, se dirigió a supervisar la construcción de una capilla. De repente la capilla en construcción se derrumbó quedando el monje atrapado junto a un grupo de purépechas a quienes se les obligaba a trabajar en la obra.

Después de muchas horas de trabajo se pudieron retirar todos los escombros y rescatar a los sobrevivientes, encontrando el cuerpo terriblemente mutilado de este malvado monje. Se interrogó a todos los presentes pero ninguno dio alguna información. Según cuenta la leyenda, por los pasillos del convento que se construyó en ese lugar se ve al monje sin brazos, sin piernas y sin ojos y en sus tristes lamentos pide perdón por los maltratos a los indígenas pero su condena es vagar eternamente.

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