“De recordar, pues todo…Me acuerdo…, de la explosión, la granada, todo me acuerdo, pero trato de no, no acordarme de eso, trato de seguir el día a día y seguir adelante con mis hijos, me quede aquí y hay que salir adelante”….
Así es como Rafael Bucio Márquez, recuerda la noche del 15 de septiembre de 2008, víctima del primer atentado terrorista de México, que cambió su vida.
Mientras el entonces Gobernador de Michoacán, Leonel Godoy Rangel, daba la última arenga del grito de independencia desde el balcón de Palacio de Gobierno, en Morelia, dos fuertes explosiones se escucharon simultáneamente, una en la plaza Melchor Ocampo, que lucía repleta de morelianos y otra en avenida Madero esquina con Andrés Quinta Roo, a un costado de la iglesia de la Merced.
Rafael Bucio Márquez, no acostumbraba asistir a los festejos patrios, esa noche, su esposa Gloria Álvarez, pasó por él al trabajo junto con sus dos hijos de tres y siete años de edad, se dirigían a casa…
“Yo iba saliendo de mi trabajo, pero mi esposa había ido al centro con mis hijos, había ido de compras, entonces ellos pasaron por mi al trabajo, ya veníamos de regreso, veníamos caminando, nos esperamos un momento ahí en la esquina del templo de la Merced, porque mi hija empezó a ver los cuetes y eso y ahí nos esperamos y fue cuando nos arrojaron la granada”
Su esposa de 34 años de edad perdió la vida tres horas después de los hechos, Rafael perdió una de sus piernas y su brazo derecho quedó dañado, con una funcionalidad del 30%
“Mi esposa falleció y mis dos hijos quedaron heridos, pero de los heridos yo fui con el daño más grave y mi esposa murió tres horas después de eso… Es que ella se abrió la cabeza, se abrió la columna, entonces ya no había nada que hacer”
En el momento, Rafael intento acercarse a Gloria, quién se encontraba tirada a un costado de él y de sus dos pequeños hijos.
“De hecho yo quería moverme pero no podía, como fueron fracturas expuestas, tenía yo mi pie y mi brazo todo deshecho”
La noticia de la muerte de Gloria, la recibió un día después por el entonces presidente de México, Felipe Calderón Hinojosa.
A partir de ese momento, la vida de Rafael cambio drásticamente.
“Cambio mucho, por completo, como quién dice volví a nacer, es otra vida ya, porque nada que ver con la de antes, mi mamá fue la que me ayudó los primeros años con mis hijos, yo después ya me hice cargo, en ese entonces mi hijo más chiquito tenía tres meses, mi mamá le ayudo con él como hasta los dos años, ya de los dos años en adelante ya lo tuve”
Su hija, actualmente tiene 20 años de edad, fue la que más sufrió, pues a penas tenía siete años cuando le tocó vivir una de las escenas más tristes, despedirse de su mamá
“La que ha sufrido bastante es mi hija, ella si porque, de hecho ella se despidió de su mamá tirada ahí en el suelo, es la que más le ha afectado, pero gracias a Dios salió adelante y ahora ya es mamá”
Rafael, hoy vive de la pensión vitalicia que logro a penas hace unos años, pues las lesiones le impiden realizar esfuerzos, se dedica a estar con sus hijos.
Su última cirugía fue en el 2019, fueron 19 operaciones las realizadas, con un gasto superior al millón de pesos, los cuales absorbió junto con el apoyo de sus cinco hermanos y su mamá.

