Don Gregorio, el rostro de la deportación
Desde muy temprana edad, Gregorio Mondragón supo que quería ser constructor, originario de Nueva Italia, Michoacán, decidió emigrar a los Estados Unidos cuando tenía 16 años, para ayudar a su familia y buscar el sueño americano.
Trabajó cerca de 40 años en la construcción en diferentes ciudades del territorio americano, con lo cual logró formar una familia, sin embargo, problemas de separación y economía lo llevaron a tener una vida en el vicio del alcohol, lo cual provocó que hace más de un año, lo deportaran por conducir en estado de ebriedad.
En México, sólo recordaba a una prima que vive en la capital michoacana, por lo cual acudió a esta ciudad para buscar un empleo, lo que no ha sido nada fácil, ya que a pesar de tener experiencia, la edad le representa un obstáculo, cerca de un año lleva vendiendo agua y cigarros en el crucero de la salida a Mil Cumbres; menciona que la necesidad lo trajo hasta aquí.
De 150 pesos que gana en promedio al día, hasta 300 en el mejor de los casos, los utiliza para alimentarse él mismo, ya que no tiene dependientes económicos directos.
“Goyo”, como le dicen en el crucero, espera regresar pronto a los Estados Unidos, ya que extraña a su papá, además tiene a sus tres hijos, quienes no le preocupan mucho, ya que tienen la edad suficiente para valerse por sí mismos.
Cada hombre o mujer que ofrece productos o servicios en un crucero tiene una historia que contar, a veces las circunstancias los llevan a trabajar en la calle o la necesidad, otras veces por conveniencia acuden a este tipo de comercio, ya que puede ganarse una cantidad de dinero equivalente a muchos empleos que se ofrecen en la ciudad; aunque sin un horario o patrón.
Según información recabada en varias notas periodísticas en internet, en los Estados Unidos existen alrededor de 5.7 millones de mexicanos indocumentados, un estudio reciente del INEGI, reveló que el 9.2% de personas que regresan a México lo hacen por deportación, convirtiéndose en la tercera causa de retorno, en el caso de paisanos varones.
Fuente: Arturo Villagómez