Capula, entre el adobe, la madera y la teja que le entregan una atmósfera acogedora adicionada con la gastronomía y la artesanía que resguardan sus calles, esta tenencia moreliana es testigo del talento de las y los artesanos, así como de las cocineras y cocineros que a unos 40 minutos de Morelia tienen entre sus manos, cualidades que han traspasado las fronteras.
En este pueblo alfarero cobró vida La Catrina de José Guadalupe Posada, través de Juan Torres, siendo el barro el material donde desde el más allá, la huesuda se ha materializado. Y aunque muchos ubican a Capula por esta creación, tiene mucho más para ofrecer en distintos aspectos.
Para llegar a Capula, debes tomar la carretera libre hacia Pátzcuaro y de tu lado derecho, sobre la carretera, verás a una elegante Catrina Monumental, eso será la señal de que has llegado.
En este pueblo está la Iglesia de Santiago Apóstol, con su gran árbol de bugambilia, y la cuál data del siglo 16, y consta de un par de elementos decorativos que sobresalen, uno de ellos son los medallones con las imágenes de San Francisco de Asís, San Agustín, San Ignacio de Loyola, y Santo Domingo. El segundo elemento que destaca es su torre es del siglo 19 que en el interior conserva un calvario tallado en madera.
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Además de que en cada una de sus calles se encuentran al menos dos talleres familiares de artesanía con la Catrina y el capulineado que plasman en tazas, vasos, platos y platones. Mención aparte merece el sazón de la gastronomía de sus cocineras y cocineros que se colocan a un costado de su iglesia principal, donde los visitantes pueden disfrutar un sabor único en los tacos, pambazos, y muchos más antojitos mexicanos que están listos para ser paladeados.
