Hace 10 años especialistas mexicanos y austriacos determinaron que el mal llamado “Penacho de Moctezuma” no podía regresar a México, ya que en su traslado correría el riesgo de destruirse. Ahora, una parlamentaria impulsa el que revise la tecnología actual para saber si existen las condiciones para que la corona de plumas regrese a nuestro país.

Fue el pasado 20 de enero cuando la diputada Petra Bayr, del Partido Socialdemócrata (SPÖ, por sus siglas en alemán), presentó una moción al Parlamento de Austria (revísala AQUÍ) para llevar a cabo este análisis del posible traslado de la pieza que se expone en el Museo del Mundo, antes conocido como el Museo de Etnología, en Viena, desde 1918.

Se solicita al gobierno federal que verifique si los nuevos avances tecnológicos hacen necesario revisar el informe de más de diez años y así posibilitar el transporte de la corona de plumas”, se lee en la moción.

De acuerdo con el documentalista Sebastián Arrechedera, el interés de la parlamentaria del SPÖ es que regrese a México la corona de plumas, también conocida como quetzalapanecáyotl, en náhuatl, y que su lugar en el Museo del Mundo sea ocupado por la réplica que se expone en nuestro país.

“A ella lo que le gustaría, porque me lo dijo, es por qué no vuelve la corona y a Austria le hacemos llegar la réplica que está en el Museo de Antropología”, explicó el artista mexicano en entrevista con Excélsior Digital.

Cabe mencionar que tras la restauración en 2012 de la corona de plumas, en la que participaron comitivas binacionales —encabezadas por la restauradora-Investigadora de la UNAM, Olvido Moreno Guzmán, por México, y Melanie Ruth Korn, por Austria—, se determinó que debido a su fragilidad, la pieza no podía trasladarse debido que las vibraciones del viaje podían destruirlo.

La misma Moreno Guzmán incluso en el documental El penacho de Moctezuma. Plumaria del México Antiguo, del director Jaime Kuri Aiza, afirma que este preciado tocado de plumas, “está envejeciendo, no a paso acelerado, vamos a llamar: a paso natural”; no obstante, con la restauración podría vivir al menos otros 500 años.

Fuente: Excelsior