Las malas lenguas

¿Y el dinero, Silvano?

¿Y el dinero, Silvano?

Dicen las malas lenguas que al hermano del gobernador de Michoacán Antonio García Conejo, ya padece al igual que Silvano mala memoria y no sabe a cuantos empresarios de la entidad les adeuda dinero.

Todo ocurrió cuando en un evento, donde estuvieron presentes autoridades de turismo del estado y prestadores de servicios turísticos, el senador de la república fue encarado por hoteleros del estado, quienes le reclamaron todos los adeudos que se generaron durante el mandato de Silvano; y Antonio García dijo desconocer el dato.

Según se dijo, el encuentro entre funcionarios y empresarios del sector era para establecer acciones conjuntas que permitan atender y resolver los problemas derivados de los ajustes federales de presupuesto a programas y acciones en materia de turismo; prestadores de servicios, autoridades y legisladores, integraron una agenda común en esta materia, en un franco compromiso por mantener y reforzar la recuperación que viene registrando Michoacán en afluencia y derrama turísticas en los últimos tres años, o lo que es lo mismo, el tiempo que le resta a Silvano en el poder.

La secretaria de Turismo Estatal, Claudia Chávez López; el senador de la República y presidente de la Comisión de Turismo, Antonio García Conejo y el diputado local y presidente de la Comisión de Turismo en el Congreso del Estado, Antonio Soto Sánchez, escucharon la serie de inconformidades de los empresarios, las cuales, básicamente se basaron en que quieren que Aureoles Conejo les pague los millones de pesos con los cuales no se ha podido hacer nada para fomentar el turismo.

Fiel a su costumbre, los funcionarios dijeron que atenderán las necesidades de los empresarios turísticos aunque no se aterrizó nada en concreto. Al finalizar el evento la molestia de los representantes del sector se quedaron molestos ya que se fueron como llegaron, nadie les dijo si les pagarán o no su dinero, y lo que fue peor, tal parece que de nueva cuenta les darán atole con el dedo.
Ni modo, a los funcionarios ya los mordió la viborita feliz.

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