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Tres leyendas de Morelia

Tres leyendas de Morelia

Por Sara Gil

Morelia, ciudad de la cantera rosa, guarda entre sus paredes, extrañas y fascinantes leyendas.

La mayoría de las leyendas se sitúan durante la antigua Valladolid, que era como se llamaba Morelia antes de la independencia de México.

Entre el periodo de la colonia y la independencia se guardan muchos relatos orales que han pasado de generación en generación.

La cueva de la colonia Independencia
Entre los habitantes de la colonia Independencia en Morelia, entre los años 70 y 80 había una leyenda sobre una cueva que se encontraba ubicada en donde ahora hay un kínder.

En Morelia, durante la independencia se hicieron varios túneles que conectaban los templos con la Catedral.

La leyenda cuenta que la cueva era uno de los túneles que llevaban a la Catedral, y que dentro de él vivía una extraña criatura.

Dentro de la cueva habitaba una víbora que realmente era una princesa que estaba bajo un hechizo hecho por su padre para protegerla a ella y a un gran tesoro que tenía.

Entre los vecinos se rumoraba que quien logrará llevar en hombros a la víbora hasta Catedral sin voltearla a ver se podría casar con la princesa y se haría con el tesoro.

Asimismo, tenía que buscar a un sacerdote de catedral para que bendijera a la serpiente y el hechizo se rompiera.

Cuenta la leyenda que quien no resistiera y mirara a la serpiente se espantaba y se volvía loco del susto.

El Sacristán de Catedral

A Valladolid llegó la sobrina del Virrey, doña Martha, quien vino a la ciudad por recomendación del médico que le dijo que el buen clima de lo que ahora es Morelia le ayudaría con su salud.

La Condesa era una joven muy hermosa y generosa de 25 años.

El sacristán de la catedral, Pedro González, se enamoró de ella con solo verla, sin embargos no podía decirle lo que sentía debido a que se sentía inferior.

Un buen día, el sacristán decidió expresarle sus sentimientos, le escribió una carta y se la deja en el devocionario de la Condesa.

Cuando doña Martha recibía la comunión, vio en los ojos del sacristán lágrimas de amor y decidió corresponderle, por lo que comenzaron a verse en la capilla de las ánimas.

Su amor era prohibido por las condiciones sociales, por ello, Doña Martha fue a España para pedirle al Virrey que le diera un título al sacristán y poder casarse con él.

Paso el tiempo y Pedro seguía guardando el regreso de su amada, sin embargo, a los cinco meses recibió el llamado de un mandatario del Rey que le avisó que la Condesa había muerto y que él había sido nombrado como el intendente de Nueva Galicia.

El sacristán rechazó el título y se encerraba a llorar en la capilla de las ánimas, dicen que de tristeza había envejecido rápidamente.

Los habitantes de Morelia cuentan que en la víspera de la Noche de Muertos, si te acercas a la capilla de las ánimas, puedes ver la sombre de Pedro Gonzales lamentando a su amada la condesa.

La mano en la reja
La historia se desarrolla en una casa junto a la calzada de Fray Antonio de San Miguel, mejor conocida entre los morelianos como la calzada de san Diego.

En la casa rosa, que ahora es el Centro Cultural de la UNAM Morelia, vivía don Juan Núñez, en compañía de su hija Leonor y su segunda esposa, doña Margarita.

Doña Margarita era una mujer envidiosa, que odiaba a Leonor, quien era una gentil muchacha.

La mujer encerraba a la joven en su casa y la ponía a hacer los quehaceres del hogar.

Leonor, lograba escaparse para ir a curar las heridas de los fieles que iban de rodillas al Santuario de Guadalupe.

Un buen día, mientras realizaba esta noble labor, un joven se enamoró de ella.

El joven llamado Manrique, iba a visitar a Leonor al caer la noche para conversar junto a la reja de la habitación en la cual estaba confinada.

Para evitar que la gente hablara, le pidió a su paje que se vistiera de fraile y se pintara la cara como una calavera, que deambulara por la calzada para ahuyentar a las personas.

Asimismo fue a pedirle la mano de Leonor a don Juan, quien se negó a dársela a menos que el Virrey se lo pidiera por medio de una carta.

Doña Margarita descubrió el modus operandi con el que se veían los jóvenes, por lo que castigó a Leonor sin comida y encerrándola en su habitación.

Don Juan se fue de viaje y no pudo notar lo que su esposa le hacía a su hija, asimismo Manrique había partido hacia la Ciudad de México para pedirle al Virrey le concediera la carta para casarse con Leonor.

La joven se la pasaba encerrada esperando a que su amado volviera por ella, y para no morir de hambre sacaba la mano entre la reja para pedir un mendrugo de pan.

Cuando regresó Manrique con la Carta, don Juan mandó a llamar a Leonor, sin embargo, cuando los criados fueron a buscarla la encontraron muerta.

Marique, con el corazón roto, vistió el frágil cuerpo de Leonor con el vestido de novia que llevaba para ella, la cargó y la llevó por toda la calzada hasta el templo para que le dieran santa sepultura.

Los morelianos cuentan que, si pasas después de la media noche junto a la reja de la casa rosa puedes ver una fantasmal mano pidiéndote un pedazo de pan.

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