Opinión

Seguridad Sin Pretextos

Seguridad Sin Pretextos.


JOSÉ ALBERTO GUERRERO BAENA
ALEJANDRA VANEGAS RODRÍGUEZ


“La policía y los jesuitas tienen la virtud de no abandonar jamás
ni a sus enemigos ni a sus amigos”.
Honoré de Balzac


En defensa de la Policía… en tiempos aciagos.
El mea culpa institucional


Hoy, de nueva cuenta, se han colocado en el ojo del huracán diferentes situaciones que involucran a las fuerzas de seguridad y del orden en México.


Casos como el asesinato de Giovanni López en Ixtlahuacán de los Membrillos, así como los diferentes comportamientos por parte de los cuerpos de seguridad a lo largo de las manifestaciones posteriores a tal crimen, nos siguen brindando severos indicadores de falta de conocimiento, capacitación y desorientación en el protocolo para contener tales eventos.
La crónica oficialista en materia de seguridad, nos sigue relatando que todo va bien, y ello se contrapone con las actuaciones locales (que también incumben a la autoridad federal por aquello del financiamiento y auditoría) y nos convence que, desde el momento de hacer una revisión exhaustiva en temas de seguridad, esquemas de financiamiento y de coordinación con las autoridades locales para impulsar la transparencia y la ejecución de recursos, estamos perdidos.


Los ojos de la tormenta policial
La seguridad siempre estará en varios ojos de tormenta que le restarán credibilidad a su funcionamiento:


El ojo político, donde la seguridad ha sido una oferta constante por parte de muchos políticos en campaña y donde el incumplimiento es manifiesto por el bajo porcentaje de actuaciones e incremento de la incidencia delictiva. La política tomando como un prisionero a la seguridad y ofertándola como moneda de cambio.


El ojo financiero, donde la caja chica de muchos gobiernos (municipales y estatales principalmente) es el presupuesto de seguridad. No hay una clara transparencia en el uso de los recursos destinados a la misma y sí un dispendio que ha dejado en claro que lo que menos interesa es formular una política criminal acorde a las necesidades de cada demarcación que incluya un presupuesto con un uso responsable.

El ojo operativo, desde el reclutamiento del personal, donde no hay criterios de selección, pasando por la propia capacitación pertinente y el desconocimiento de las leyes y bandos locales, sin duda ha dejado en una indefensión a la policía en su actuación. Tenemos elementos en muchas corporaciones locales que no conocen ni el uso de la fuerza, ni los protocolos de actuación ni la diferenciación entre una falta administrativa a un delito (como suponemos que ha sido el caso de Giovanni López).

El ojo institucional, donde a los propios políticos no les interesa echar a andar una reforma policial, por lo menos en lo local y donde las propias corporaciones no han sido beneficiadas con una arquitectura institucional que respalde al policía tanto a ser evaluado en su desempeño, como para fortalecer sus actuaciones. Una corporación sin los mínimos elementos legales, operativos y de fortaleza estructural, es muy susceptible a caer en la tentación del abuso, corrupción y falta de eficacia operativa.

El ojo humano, donde la selección del personal, la vigilancia y evaluación constante (sin caer en el acoso) de los policías y un sistema de carrera policial consolidado, nos puede devenir en grandes resultados. Una corporación que, desde el inicio se preocupa por brindar todos los factores de apoyo institucional a sus policías, puede esperar grandes resultados de los mismos. Las experiencias en Querétaro, Chihuahua y Escobedo nos dejan la sensación de que, con la cooperación y coordinación entre autoridad central y mandos policiales en conjunto con los protagonistas que son los policías, redunda en resultados satisfactorios.

Para hablar de policía todos son expertos.
En estos momentos donde la indignación llega por un abuso policial, al parecer todos son expertos en seguridad. Pero la crítica siempre será ácida, parcial y hasta destructiva. Los nuevos “todólogos” no ofrecen soluciones acordes a cada momento o corporación.


Hablar de policía y de seguridad es complejo. Es muy difícil cuando el grueso de la población desconoce el funcionamiento, complejidad y retos que tiene un elemento con el simple hecho de uniformarse y entrar al campo de acciones.

Esta discusión siempre estará llena de paradojas, simulaciones y dobles discursos. No puede ser constructiva porque para el grueso de la población la policía estará siempre en la escala más baja de las ocupaciones y será el primer responsable de todos los males del mundo.


Hoy, que se ha vuelto a colocar el tema de la ineficacia y excesos de las policías locales, han salido a la palestra desde el foro político. Legisladores, gobernadores, presidentes municipales y toda clase de funcionarios están volteando sus ojos de nueva cuenta, planteando intervención, reformas, purgas y toda clase de “propuestas coyunturales”.

Están dentro de la canasta de los proyectos olvidados una Reforma Policial pendiente, un servicio profesional de carrera que se debe echar a andar lo más pronto posible, y que han sido olvidados por darle cabida la tan mencionada militarización del país que nunca debió ocurrir de haber construido cuerpos de seguridad.


Sí, esos proyectos que prometieron en campaña reactivar, fueron colapsados por un proyecto erróneo y sin razón de ser como la Guardia Nacional.


Construir con claridad policías eficaces y eficientes
Queda en claro que, para poder construir una policía eficaz y eficiente, tenemos que generar corporaciones con independencia operativa. Es decir, que sus decisiones no estén basadas en ocurrencias político ideológicas, que sean capaces de tomar decisiones de manera autónoma y donde prevalezca en la operatividad la propia necesidad de reducción de los índices delictivos, sin depender de una bandera o colores partidistas.


El fortalecimiento de las policías locales hará que, por ende, la autoridad estatal pueda trabajar en plena coordinación, a la vez que la misma corporación estatal se descarga de trabajo para enfocar en las funciones que le conciernen. Claramente el Modelo Nacional de Policía y Justicia Cívica (hecho en este sexenio) nos da la pauta que no todo podría estar perdido si las autoridades locales y estatales tuvieran una política criminal definida y un rumbo fijo con objetivos claros.


La mejor forma de construir policías, la cual hemos venido repitiendo, es partir desde la perspectiva local, con un proyecto sólido, dejar candados legales para que los proyectos sean a largo plazo y no suceda lo que por ejemplo ha ocurrido con la Policía Municipal de Morelia. Este es el más claro ejemplo de que la política y los colores partidistas privilegiaron el colocar a mandos corruptos, personal sin experiencia y favores de corte político, amén de la inexperiencia mezclada con corruptelas por parte de la autoridad municipal.


Por ello, sinceramente, el hablar de policía es un constructo lleno de prejuicios, de fobias y de retos constantes a la autoridad. La Policía debe ser quien ponga el orden y el reflejo de la propia ciudadanía. En otros países al parecer, es un orgullo el pertenecer a un cuerpo de seguridad y en México – como lo señalamos anteriormente- es el último peldaño de la clase social.
Si desde la construcción del proyecto de seguridad para una plataforma política, nos dedicamos a delinear un plan a largo plazo que pueda ser inmune a partidos políticos, sería un gran avance.


Por otro lado, el transparentar, ejercer y coparticipar en un esquema de auditoría constante de los recursos destinados a seguridad. Que las compras de equipo, los esquemas de financiamiento de la seguridad y la innovación de políticas públicas y contables sean las adecuadas, a fin de buscar una independencia financiera de la corporación y continuar en la construcción de policía.


En definitiva, tener una policía sin el lastre de depender de la “buena voluntad” o de las ocurrencias de un gobierno, nos vendrá bien a todos.
Una corporación que sea capaz de brindar seguridad a los ciudadanos, que también brinde la seguridad jurídica, operativa y laboral a sus elementos, claridad en la diferenciación entre las diferentes atribuciones jurídicas y operativas, una adecuada coordinación interinstitucional para coordinarse con el plan de persecución de delitos que debe ser atribución de las corporaciones y no de las fiscalías, dejando a un lado egos políticos y, por último, innovando un esquema fiscal de recaudación tributaria local que vaya generando y financiando a la corporación, buscando con ello hacer rentable el proyecto.

Por ello hablar y juzgar a la policía es demasiado fácil, razón por la que nadie quiere hacer o ser policía, pero opinar, vituperar y “proponer” es muy sencillo.

Investigadores del Foro Latinoamericano de Antropología del Derecho.
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