Araceli Naranjo nacida en Estados Unidos, lleva por sus venas sangre michoacana y el amor por su estado gracias a lo inculcado por sus padres nacidos en Apatzingán; su historia es digna de contarse pues al ver la necesidad educativa de la región, puso en marcha un proyecto de ludotecas que la llevó a recibir en este 2023 el galardón “Raíces Migrantes”.
El proyecto de la Red de Ludotecas Comunitarias en Apatzingán lleva 6 años realizándose, recientemente en el centro cultural la estación, logrando esto a través de donaciones de personas y el propio recurso de Araceli, a quien le nació apoyar y regresar un poco de lo que la vida le ha dado.
Los padres de Araceli fueron migrantes, ellos lograron salir adelante buscando el sueño americano, volviendo a Michoacán cuando su pequeña hija tenía apenas 3 años, después al pasar del tiempo la delincuencia en el estado les cambió la vida.
“Mi papá murió desaparecido, entonces de un día para otro tuvimos que cambiar nuestra dinámica familiar (…) Y me toca de golpe quedarme en Estados Unidos, aproveché la ciudadanía para sacarle ventaja, me quedé a trabajar en Estados Unidos casi 3 años, no me gusta el sistema, yo prefiero México, entonces volví hace 15 años a Apatzingán ya con más conciencia de las necesidades”.
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Escuchando las historias de los migrantes mexicanos en Estados Unidos sobre la complicación de trabajar allá, las barreras del idioma y hasta por el color de piel, tomó la decisión de emprender el proyecto que apoyara a la educación de los que buscan migrar al país vecino del mundo.
“Cuando regreso a Michoacán a Apatzingán me doy cuenta de todas las necesidades que había y de que manera podía aportar, tenía un curso de Ludotecas que ya había tomado, empecé con un proyecto privado y a la mitad me quedé sin capital pero ya tenía muchas cosas, estuvieron guardadas mucho tiempo en mi casa hasta que me fui a una colonia con un amigo, a la colonia Praderas y empezamos a trabajar ahí los sábados de manera itinerante”.
Comenzaron con pocos niños los fines de semana y al pasar el tiempo lograron tener un espacio digno que se abre todos los días, con la finalidad de alejarnos de adicciones y otros vicios.
“Encuentran en ese espacio lo que muchas veces en sus familias no pueden encontrar por cuestiones de violencia intrafamiliar, de muchas carencias emocionales, económicas, de salud y ahí han aprendido a sentir ese espacio suyo y es un espacio seguro donde se les da contención a los niños, no nadamás van a jugar, conocemos sus historias”.
Continuarán apoyando al desarrollo de los niños en Apatzingán ante la grande necesidad de dotarles de educación por el ambiente de violencia que en muchas ocasiones mancha la región de Tierra Caliente en Michoacán.



