Desde su infancia, Luis Ángel Pérez Gaona se ha dedicado a la fabricación de molcajetes, un oficio que ha estado en su familia por generaciones. Su papá le enseñó todo lo que sabía sobre la elaboración de un utensilio que data de la época prehispánica en nuestro país. Un objeto que es muy utilizado en la gastronomía mexicana.
El molcajete, del náhuatl molli ‘guisado, salsa’, y caxitl, ‘cajete o escudilla’, es un mortero de piedra de tamaño variable, con tres patas cortas en la base, en el que con un tejolote, de texolotl, ‘muñón de piedra ‘, se machacan o muelen ingredientes para preparar salsas y otros platillos. La piedra porosa o volcánica con que está hecho el molcajete, otorga cierto sabor mineral a las salsas que en él se preparan.
“Sí es difícil, muy difícil. Nomás imaginé darle forma a una piedra. Vamos a los cerros por ellas, escarbamos, buscamos una piedra especial, la traemos al taller y le damos la forma”, nos compartió Luis Ángel.
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Todas las mañanas Luis Pérez va a los cerros para recolectar piedras especiales, y con ayuda de caballos lleva a su taller un total de ocho rocas por viaje.
“Las ideas para tratar la piedra salen de la imaginación de cada quien. Cada persona tiene diferente diseño, imaginación y diferente mano para elaborar los molcajetes”.
El molcajete tiene un uso único y especial, que tiene que ver con la preparación de las salsas para guisos y moler granos y maíz para distintas preparaciones.
Si piensas en comprar un molcajete, debes asegurarte que en realidad sí sea una pieza artesanal hecha de piedra volcánica, basalto o cantera. “Hay de diferentes precios, como el normal/tradicional que va de los 200 a los 280 pesos. Los más elaborados están entre los 350 a los 600 pesos”.
Luis Ángel Pérez Gaona declara que hay días que llega a su hogar con dolores de espalda intensos, pero que aún así, se mete a su taller y comienza a trabajar, todo para llevarle sustento económico a su familia.

