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viernes, 12 - agosto - 2022

Los aretes de la Luna, la leyenda del Imperio Purépecha

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Una hermosa historia de amor se comenzó a tejer desde los tiempos de los antepasados, durante la época del Imperio Purépecha en el estado de Michoacán, donde se narraba que el Sol y la Luna eran una pareja de enamorados y que vivían muy felices en el cielo.

Sin embargo, un día apareció de repente en el firmamento, Vénus, una estrella que refleja la aparición de la mañana y de la tarde, influyendo en la felicidad de la pareja.

Cuentan que en una oportunidad, la Luna encontró al Sol hablando con ella, y de inmediato la invadieron los celos, pues Vénus era una estrella muy hermosa, que ostentaba una larga cabellera, la cual exhibía con mucha coquetería.

La Luna enfrentó al Sol y lo cuestionó por sus coqueteos con Vénus, lo que desencadenó en una riña que condujo a señalamientos, insultos e incluso, se dieron de golpes. En vista de que el Sol era más fuerte que la indefensa Luna, le produjo en el rostro varios moretones, que se dicen, son las manchas que se le observan a la Luna.

Como consecuencia de este desencanto, la Luna tomó la decisión de separarse del Sol, marchándose muy lejos, sin volver a tener contacto con él, y por eso ahora a uno se puede ver por el día y a la otra por la noche, todo con la intención de no encontrarse, conformándose así en la Tierra, el día y la noche.

Los antepasados indicaban también que cuando se producían los eclipses, era porque en el cielo se unían el Sol y la Luna nuevamente, para renovar su amor.

Agrega la leyenda que cuando llega el momento en que debe separarse nuevamente la pareja, la Luna se pone tan triste que comienza a llorar, y sus lágrimas se convierten en gotas de plata, que al caer a la Tierra, son aprovechadas por las mujeres purépechas para con ellas, fabricar hermosos aretes con la forma de una media luna.

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Hay ocasiones donde la Luna no dura mucho llorando, por lo que en ese caso sus lágrimas no se convierten en plata, sino en gotas de rocío, que pasan a transformarse en unas flores de varios colores, amarillas, anaranjadas o rojas, similares a las Dalias. Las raíces de esta flor tienen agua jícamas, un néctar dulce que es extraído por los niños de la zona para saciar la sed.

En agradecimiento por estos regalos, las mujeres purépechas no se cortan el cabello, y si alguna quiere hacerlo, tendrá que esperar a que se manifieste ‘Xaratanga’, que es como se denomina a la fase de luna nueva, diosa lunar de los purépecha.

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