Mucho se dice, muchos piensan, que para hacer el arte plumario o los propios rebozos con plumas de Michoacán, se llega a lastimar a las aves, pero ¿se les daña o no?
La verdad es que no, y las flores y las plumas se han unido desde hace años, gracias al talento, ingenio y habilidad de las artesanas michoacanas de Ahuirán, localidad de Paracho.
Los colores cálidos y fríos se han entrelazado para ser tejidos por esas manos marcadas por las huellas del paso de los años, que resguardan algo más que una habilidad, son una herramienta con la cual se realiza arte y se transmite parte de la herencia que el estado a dado al mundo.
Esto se ve reflejado en los rebozos, los cuales son parte de la indumentaria de la mujer mexicana y michoacana, que han sido utilizados por generaciones y forman parte de la identidad.
Los rebozos de Ahuirán se han distinguido desde el inicio, al ser artesanales, hechos en telar de cintura decorados con flores y plumas, pues entre sus creaciones, se encuentran piezas ceremoniales de algodón tejido a mano en telar de cintura con rapacejo de plumas de ganso, gallo criollo, faisán, pavorreal, búho, pato, correcaminos e incluso de cuervo, las cuales son recolectadas de criaderos en donde las aves son cuidadas y alimentadas dignamente, no se les arrancan, sino que las toman cuando mudan.
Estas verdaderas obras de arte han sido aplaudidas y apreciadas en distintas partes de México, como Quintana Roo, Campeche, Hermosillo, Monterrey, y Guadalajara, por mencionar algunos puntos.
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Ahuirán, ha sido cuna de maestras artesanas que han compartido toda su experiencia y legado a las nuevas generaciones, preservando de esta manera el legado artesanal.
Si deseas acudir a Ahuirán, en el municipio de Paracho, hay diferentes rutas para llegar, la más popular es por Uruapan.
