Opinión

La tragedia del huachicol

La tragedia del huachicol

Por: Juan Zizumbo

He leído muchos artículos y también visto muchos videos en las redes sociales, de la tragedia tan lamentable que ahora nos ocupa, independientemente de a quien se señala de culpable de la situación, y de que se estaba cometiendo un acto ilícito, hay que decir, que es lamentable saber la pérdida de un ser humano, la vida siempre es invaluable.

Creo que, lo importante ante tal magnitud el evento, los humanos siempre queremos encontrar un culpable, ya sea el ejército, la policía federal, los criminales huchicoleros, los líderes avecindados de Tlahuelilpan, el gobierno municipal, estatal o federal, sobre quien caerá la culpa.

Considero que la culpa la tenemos todos los mexicanos, lo creo sencillamente por una sola razón, no tenemos una cultura de la legalidad de este país maravilloso. Nosotros mismos no sabemos respetar nada, casi todos y casi nada, siempre hay sus grandes excepciones.

Pero la cultura de la legalidad es un acto que llevamos implícito en nuestro ser humano, como seres sociales cuando somos niños o adolescentes nos enseñan a respetar, tanto en la escuela como en la casa; no tomes lo que no es tuyo dice la maestra, incluso cuando se perdía un solo lápiz se revisaban todas la mochilas, que no agarres las cosas de tu hermano, si no estaba implícito un castigo; en qué momento se pierde esa esencia de respeto.

A caso cundo somos adolescentes, con ese cambio hormonal como parte de esa búsqueda insaciable de libertad e independencia, la rebeldía a todo lo que da, esa insaciable búsqueda de lo nuevo, bueno o malo, nuevas experiencias y satisfactores, que en casa no encontramos.

Y si le sumamos los estímulos sociales que buscan carne nueva, sobre todo en estos pueblos pequeños y rurales, la cosa se complica. Entonces se pierden los valores; para que ir a la escuela ahí nos reprimen, nos dejan mucha tarea y además a mí no nos gusta leer, no queremos estar en casa ahí nos ponen a trabajar en las labores del hogar, o en la parcela; queremos ser como los más grandes, fuman, tienen novias por doquier, siempre traen dinero, compran cerveza y traen sus trocas, pero lo mejor es que siempre hacen lo que quieren.

Aprenden como parte de un círculo vicioso, cuando menos esperan se encuentran atrapados en una ficción social, donde lo ilegal es bien visto, en donde el que no transa no avanza, porque en este país no pasa nada, puedo faltarle al respeto a la Policía o al Ejercito y no pasa nada, muy al contrario si la autoridad quiere aplicar la ley los golpean y los linchan.

Nadie nos atrevemos a parar esa enorme bola de nieve que crece y crece, muy al contrario los padres ven con buenos ojos a los hijos, posiblemente como un acto machista y a sabiendas de que están haciendo cosas ilegales, ya que si los enfrentamos se van de casa.

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O será que como la especie dominante en el planeta, los homo sapiens, somos animales pensantes que seguimos siendo salvajes, nos comportamos como hace 15 mil años tomamos lo que queremos a la fuerza y atacamos a otros grupos de seres humanos, por el simple hecho de tener y ser diferentes a nosotros. Puede ser, pero ese es un tema que trataremos en otra oportunidad.

Por lo pronto, seamos legales con nosotros mimos y con nuestros semejantes, respetemos a nuestras autoridades y enseñemos a nuestros hijos que hay límites y si no respetamos hay consecuencias, como la tragedia de Tlahuelilpan

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