José Inés hizo lápidas por 70 años con un grave padecimiento en la vista

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Don José Inés Estrada lleva 70 años trabajando en la creación de lápidas y demás objetos para adornar las tumbas, pasa gran parte de sus días en el panteón ya sea trabajando o visitando la tumba de su esposa a la que sin falta acompaña cada día.

Desde la edad de 15 años aprendió a realizar las lápidas gracias que su abuelo y su hermano mayor le enseñaron el oficio, es ya un negocio familiar pues ahora los que se encargan de cuidarlo y mantenerlo son sus hijos y nieto.

“Me doy cuenta del panteón, lo conozco como la palma de mi mano, yo aquí nací y aquí había campo de juegos, todo era aquí el panteón y por medio de mi abuelo que fue el que inició esto aquí, fue el primer empleado y ahí empecé yo a estar en contacto con mi abuelo, me platicaba de todo lo que pasaba, lo que pasó, ahorita estoy enterado de varias cosas de que fusilaban aquí y bueno, todo” mencionó José Inés.

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Por necesidad tuvo que entrar a ayudar en el negocio, al igual que sus hermanos, dejó la escuela por un padecimiento que tiene en los ojos y es que empezó a perder la vista desde muy temprana edad.

Al parecer es un padecimiento de nacimiento, al día de hoy solo distingue figuras con el ojo izquierdo y en el derecho ha perdido completamente la vista.

Recuerda con mucho cariño el esfuerzo que hizo su hermano mayor, Juan, para enseñarle el oficio, ya que él fue uno de los primeros en hacer lápidas en Morelia.

“Mi hermano con mi tío, mi abuelo y mi mamá empezaron a ver qué estaban poniendo los monumentos y quebraron una loza, o sea una placa, la quebraron para ver cómo estaba hecha, ya una placa que no servía pues y quebraron para verla y vieron con qué estaba armado la forma y todo y el material con qué estaba hecha y ahí lo empezaron a poner en práctica, mi hermano el fue el que empezó” dijo el señor.

El material que utilizan para hacer las lápidas es granito, o sea mármol molido, marmolina, cemento y varilla para darle forma y se talla a mano.

Una de estás piezas puede costar desde 5 mil hasta 40 mil pesos, sin embargo, hay semanas en las que no se vende nada y solo abren el local para perder el tiempo.

“No podía ya yo estudiar porque el doctore prohibió saliendo del internado, me prohibia porque nací con una lesión en la vista, dijo o te quedas ciego o te mueres, y pues yo que me quedo mejor ni ciego ni nada y ya mejor no voy a la escuela, dije no yo ya aquí me quedo, nací ciego, duré un tiempo ciego” expresó Inés Estrada.

Al día de hoy, José Inés, ya no labora pues su nula vista se lo impide, solo acompaña a sus hijos y nieto para asesorarlos y varias horas durante el día se va al panteón con su bastón a caminar y recordar tantas historias de su vida y paranormales que llegó a presenciar en él.

Su pequeño local sigue abierto frente al Panteón Municipal para atender a los clientes y llevarles hasta la ubicación que pidan sus lápidas.

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