Opinión

El Elogio a la locura: La tierra de la inseguridad

El Elogio a la locura

José Alberto Guerrero Baena

Alejandra Vanegas Rodríguez

 

“Los tiempos de los gobiernos son cortos,

y los de la delincuencia, largos y azarosos.

Entonces, empecemos ya, y no perdamos ni un solo minuto”.

 

Álvaro Uribe

 

La tierra de la inseguridad

 

Para quienes nos hemos dedicado a estudiar proyectos o modelos de seguridad a nivel nacional e internacional, la referencia del modelo de Seguridad de Morelia es obligada, necesaria y un clásico en el medio e indispensable para comprender el avance del Sistema de Justicia Penal y ponerlo de manera práctica, eficaz y eficiente al servicio de la seguridad.

En su momento fue a todas luces, un modelo que acaparó las miradas nacionales e internacionales, a tal grado que tanto del Reino Unido como el propio Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública financiaron el poder llevarlo a la práctica e, incluso, fue tomado como base para poder desarrollar el actual y vigente Modelo Nacional de Policía que tiene como objetivo agilizar y eficientar la labor de los garantes del orden y dar un servicio oportuno a las víctimas del delito.

Sin duda, fue un referente que inspiró a otras ciudades para poderlo llevar a cabo. Guadalupe Nuevo León, Querétaro, Chihuahua, son algunas de las ciudades que han tomado como base esta experiencia teórica y práctica para brindarle un servicio a la ciudadanía y cumplir plenamente la obligación constitucional de proporcionar seguridad a sus ciudadanos.

Las cifras no mienten, cuando el modelo se mantiene a pesar de los cambios de colores en los gobiernos, sin duda, trasciende y se puede trabajar con plenitud. Pero, desgraciadamente para los morelianos las cosas no fueron de esta manera. Y, sin duda, fueron peores porque quienes aseguraron que podían con el paquete de la seguridad, aún habiendo heredado un proyecto y experiencia exitosa y consumada, lo único a que se han dedicado es a destruir la institución, a saquearla y a hacer huir a los buenos elementos que se reclutaron durante el camino.

De nada sirve, como Ayuntamiento de Morelia, que te hereden una corporación con altos indicadores de eficacia y eficiencia (los números lo señalan, nada es inventado) si de entrada tu cuerpo de funcionarios ha demostrado una ineficacia e ineficiencia en todas las labores que les han sido encomendadas a través de su experiencia en diversas instituciones por las que han pasado. Eso lleva a una institución al camino de la destrucción.

Para nadie era un secreto que, al momento en el que arribó la administración de Raúl Morón al Ayuntamiento de Morelia, nos dejaba más dudas que certezas. Ni ellos mismos tenían en mente ganar, sin duda el fenómeno AMLO ayudó para que esto fuera posible.

En efecto, ganó por un voto mediático que venía desde la presidencia de la república hacia abajo, pero nada garantizaba que fue a realizar una labor primariamente buena.

Sí, las hordas de porros al poder.

¿PORROS GARANTIZANDO SEGURIDAD?

 

Primordialmente, el tema de seguridad que es una asignatura de mucha trascendencia, se esperaba que le diera continuidad a la labor y estructura dejada por el edil anterior.

Nombrar a una persona que tiene experiencia en el tema de procuración de justicia (tema muy diferente a seguridad), no fue la decisión mas acertada. Y, peor aún, que llevara a un cuerpo de funcionarios que tenían todo menos ética para cumplir con las labores. De hecho, fueron literalmente cesados de sus otros puestos por sus actos de rapiña y corrupción.

La Comisionada Julisa Suárez Bucio, nos ha querido vender un universo paralelo a lo que habitualmente vivimos los morelianos. Nos vende amor y paz, cuando las calles de Morelia, son todo menos eso. Y, luego con declaraciones incoherentes, culpa a los ciudadanos de ser violentos.

Las cifras nacionales no mienten, Morelia es de las ciudades mas peligrosas de este país. Pero es mejor ir a presumir a Paris el Modelo heredado que ya no tiene nada de ejemplar.

Diariamente hay homicidios, robos, asaltos a bancos, incluso enfrente de las instalaciones de la Policía de Morelia se suscitan incidentes que van desde robos hasta homicidios.

Al momento de redactar esta columna ocurrió el homicidio de un hombre en la Colonia Torreón Nuevo, qué más podemos esperar.

¿Podíamos esperar menos de gente improvisada y que su especialidad son las actividades porriles?

Es el mismo efecto que causó cómo cuando los Rolling Stones contrataron de cuerpo de seguridad a la pandilla “Hell Angels” en Altamont…

LAS CULPAS

Quizás para el ciudadano común, el primer efecto es culpar a los policías de la poca efectividad de la vigilancia, pero ¿qué tal si miramos el interior de la corporación?

Sin duda, ese es uno de los grandes problemas. Para que una entidad, institución u organización funcione, tenemos que mirar desde adentro, que desde su titular hasta el mas reciente de los elementos cumplan con sus labores.

De entrada, la Comisionada Julisa, sólo nos vende imagen, empatía y hasta cursilería, pero nunca nos ofrece un resultado contundente. Siempre hay algo que reclamar a esta funcionaria.

A través de las redes sociales, vemos mucha empatía y solidaridad, pero poco trabajo policial, administrativo, político y operativo a cuestas. Sin duda, el sello de la 4T es mucho ruido, poca experiencia y muchos errores.

Pero sin la humildad de corregirlos.

La labor de la Comisionada debe ser el gestionar que la corporación tenga los insumos y el fondo financiero y político para una adecuada actuación y sostenimiento. Labores que, por supuesto, sustituye con posts en redes sociales promocionando asuntos que no vienen ni al caso con la labor encomendada. Que sólo muestra el pequeño imperio de cristal o realidad alterna en la que se pretende vender seguridad.

Sinceramente, ha dejado mucho que desear.

Una corporación que tendía a crecer con un proyecto sólido, consolidado y hasta aprobado por las altas esferas de la Federación, ha quedado opacado y con resultados negativos, porque la Comisionada ni siquiera tiene la capacidad política o de gestión para poder ayudar a que la corporación tenga un techo financiero digno o, por lo menos, para que se pueda obtener alguna ayuda adicional en beneficio de sus elementos.

El programa FORTASEG bajó el financiamiento notablemente para Morelia. Y, tomando en cuenta que este programa se otorga con base en resultados, sabemos perfectamente por qué se redujo en casi un 60% de lo que obtenía en otras gestiones.

Y no sólo ello, uno de sus efectos colaterales ha sido la baja en la ayuda para los elementos que recibían anualmente un apoyo para sus gastos, ahora la han visto disminuida a nada o simplemente hasta su sueldo se ha visto tocado.

Esta es la labor política de un titular de área, ¿usted estimado lector, cree que la cumple cabalmente la Comisionada?

Sinceramente, no.

Parece la Tía que sólo da consejos a los sobrinos pero que nunca se ve que los aplique para sí misma.

Y luego con esos resultados desastrosos, a otros funcionarios ya les hubieran pedido el puesto. Pero al parecer hay funcionarios que tienen un lugar muy especial en la administración para sobrevivir con tal podredumbre en la efectividad de su labor. Este es el caso que ejemplifica todo.

Y de sus funcionarios ni se diga.

Los casos de corrupción ventilados, la experiencia de ciudadanos vejados por malos elementos donde la propia corporación no ha sabido investigar, responder y sancionar.

Por otro lado, la persecución, degradación y castigo a policías que se han quejado de los malos tratos nos da un indicador que los funcionarios llevados por la Comisionada, tenían claros intereses personales, rapaces (como diría algún político con desórdenes mentales), sobrepuestos por encima de su labor como facilitadores para el adecuado funcionamiento de la corporación. Si vivieron de ella, no vivieron para servirla.

Nada que no se sepa y que el propio Ayuntamiento de Morelia no tenga conocimiento, lo que sucede es la omisión clara debido a quien sabe qué intereses ocultos haya para sostener a estos funcionarios incapaces.

Una Comisionada incapaz e ineficiente, unos administradores de recursos humanos, financieros y operativos que se sirvieron con la cuchara grande los recursos, funcionarios que tienen todo menos capacidad, ética, valores y actitud de servicio, personal administrativo que llegó en esta etapa y que ha convertido la oficina en un tianguis donde la comida chatarra pulula, sin duda nos da la razón en todo.

Un Centro de Atención a Víctimas que sin duda fue el foco de atención a nivel nacional e internacional, y que ahora ha sido convertida en una oficina populachera que causa mas conflictos que soluciones, donde su titular se destaca únicamente (como en administraciones anteriores de donde, por cierto, fue dada de baja) en enaltecer sus actividades personales que enfocarse en actividades que generen una productividad medible y auditable. Y claro, a rematar con su personal cuando no cumplen sus “caprichitos”.

Y si faltara algo para rematar este sendero de excesos y locuras llamado Comisión Municipal de Seguridad, el intentar montar una escuelita de formación inicial para policías con los mínimos elementos indispensables para dar una capacitación digna, condiciones de entrenamiento con riesgos y sin una alimentación y seguridad preparada para los futuros aspirantes, nos da como resultado policías mal preparados y con una perspectiva mediocre.

Quizás estos elementos son el reflejo de la propia administración.

Y se nos olvidaba, una administración que heredó 840 policías y que, a media gestión, ya ronda entre los 500 policías por las bajas ante la soberbia e ineptitud de esta administración.

Antes de que pasaran todas estas locuras, policías de otras corporaciones aspiraban a llegar a Morelia porque las condiciones de trabajo eran dignas. Hoy, ante las locuras, corruptelas y poca efectividad, huyen a la SSP, en búsqueda de alejarse de una corporación contaminada de corrupción y soberbia.

¿HAY SOLUCIONES?

Por supuesto que hay soluciones.

Debe de haberlas. Pero si ellos son soberbios (como toda la 4T) para qué repetirles la medicina.

Desde el primer momento en que asumió la titularidad de la seguridad de Morelia, la Comisionada Julisa debió de tenerlas. Pero prefiere el relumbrón a trabajar discretamente y dar resultados.

Diariamente en Morelia, hay muertos, heridos, asaltos, desórdenes públicos, calles invadidas por el ambulantaje, excesos en los juzgados cívicos.

Quizás la solución inminente es la renuncia inmediata de la Comisionada y su equipo.

Y comenzar de cero, con humildad un proyecto que nació grande, retomar la base y la esencia de esta corporación, que poco a poco lo han ido ahorcando y mermando los propios funcionarios con la venia y omisión del Presidente Municipal que, en lugar de poner orden, se pone a dar declaraciones disparatadas.

Dejar morir a la Policía de Morelia es la apuesta oficial de este gobierno, hostigar a sus elementos para que renuncien y se vayan, quizás la orden desde las altas cúpulas del Gobierno Federal es esta, sólo para apoyar a la espuria Guardia Nacional que sirve para dos cosas: para nada y nada.

Mientras tanto, Morelia se desangra y diariamente hay nota roja.

Pero a ellos no les importa.
Sólo les importan los tiempos electorales.

Investigadores del Foro Latinoamericano de Antropología del Derecho.

http://www.flad-la.org

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