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Cenital: Sorry, bisexuality is not avaible in your area

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Alex Strangelove

Por: Fredy Villanueva

Junio fue y será el mes del orgullo LGBT+, fue y será testigo de un gran carnaval que transciende porque se asienta en una lucha social que permea y afecta, en el mejor sentido de la palabra, las construcciones prototípicas de nuestra “nueva” realidad, lo que sea que esto signifique.

Y así como un cúmulo de personas exigiendo derechos y visibilidad social e institucional pueden alterar el curso de las agendas y de las percepciones, el cine tiene la gran capacidad de combinar convenciones sociales, perspectivas personales (en algunas ocasiones), y el multimillonario negocio con el arte. Los resultados son diversos; panoramas increíbles del poder humano, de las complejas relaciones interpersonales, personales y de mundo y, también, un siglo de representación y creación de moldes que nos siguen acompañando. El cliché, el bien remunerado y querido cliché.

También en junio se estrenó la película original de Netflix Alex Strangelove. Su arquitrama del género coming-of-age es clara. Alex es el joven y bien ponderado protagonista, preparatoriano a punto de ingresar a la universidad. Tiene buenos amigos, una hermosa y exageradamente comprensiva novia, y una bella familia nuclear. El conflicto central es el miedo de Alex a tener relaciones sexuales con su novia y su encuentro con Elliot, el hombre que hará que se plantee su posible homosexualidad.

Parece ser que Netflix pagó su cuota al discurso de la inclusión, sin embargo, no lo hizo de la mejor manera.

Alex Strangelove carece de estructura argumental y personajes coherentes con su propia realidad, así como de resoluciones creíbles, todo esto para que la película no tenga baches, ni posibles reflexiones acerca de la complejidad del adolescente que descubre su sexualidad. Todo parece convenientemente fácil.

Estrenada por fechas similares, “Love, Simón” esgrime un discurso similar. Alex y Simón representan a una clase alta estadounidense que camina en las nubes. Sin preocupaciones y sin problemas. Los personajes gays de estas películas no quitan el estigma a la homosexualidad, no la humanizan, solo la romantizan.

La comedia de Alex Strangelove cae en lo absurdo, no complejiza a sus personajes pues no presenta situaciones reales del contexto donde se desenvuelven los adolescentes. Aquí algunos ejemplos. Las fiestas están alejadas de las verdaderas “reuniones” de adolescentes; se plantea a Alex como un hombre introvertido, sin embargo, es presidente del comité estudiantil; sus amigos no figuran como “populares” y no tienen intereses en común y, por último, su novia es conveniente y extremadamente comprensiva, a tal grado que la historia es injusta con ella y con sus emociones.

Alex Strangelove se vendió por su agenda política y no por sus virtudes cinematográficas. Esto último hubiese sido redimido si fuera fiel a la primera media hora de largometraje.

En Alex se plantea una posible bisexualidad, y este era un punto interesantísimo que pudo ser abordado, sin embargo, se prefirió desdibujar este planteamiento y dirigirlo por el apaciguado discurso del homosexual “políticamente correcto”.

El mejor cine que ha abordado el tema LGBT+, es aquel que lo hace sin miramientos ni miedo a lo “políticamente correcto”, y es aquel que plantea todo un espectro de emociones y de perspectivas, más allá del solo hecho de la preferencia sexual o la identificación, o no, con un género. Películas como “Secreto en la montaña” del 2006, “La vida de Adele” del año 2014, la muy reciente “Call me by your name” del 2017 y las mexicanas “Lugar sin límites” de 1978, “Doña Herlinda y su hijo” de 1985 y “Sueño en otro idioma” de 2018, generan discursos más interesantes sobre la sexualidad humana y su relación con lo social y el origen de la imposición del estigma.

No se trata de generar un nuevo cliché de cada uno de los miembros de la comunidad LGBT+, sino de que sean representados tal cuales son; humanos complejos que solo reclaman el derecho a vivir, como cualquiera.

 

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