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Cenital

Cenital: Megalodón en los Oscar

Cenital: Megalodón en los Oscar

Por: Fredy Villanueva

El pasado miércoles, la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de Hollywood anunció a través de twitter la creación de una nueva categoría dentro de las 24 ya existentes, la de mejor película “popular”. Con esto, además de otros cambios en su programación y protocolo, la ceremonia de los premios Oscar espera contar con un mayor número de televidentes y una mejor presencia en la comunidad cinéfila. Aquí comenzaría el declive de una institución conservadora, políticamente correcta, elitista y con un discurso histórico que favorece siempre al poco inclusivo público estadounidense.

La Academia aún no responde qué considera “popular” y cuáles serás las reglas y medidas para poder contemplar a una película dentro de esta nueva categoría. No sabemos con exactitud si considerará taquilla, crítica o nivel de aceptación en el público reflejado a través de un voto, como en otras entregas de premios.

Lo más interesante es que estos tres criterios arriba mencionados no tienen correlación para la evaluación de un producto cinematográfico. Para los Oscar todo depende de particulares puntos de vista que determinan la validación de un reconocimiento, perspectivas que no siempre son explicadas a las audiencias.

Si el criterio se ajustara a las taquillas y sus números, Megalodón registraría una nominación segura. Sus 44.5 millones de dólares recaudados en su primer fin de semana de exhibición hablan de un producto publicitariamente logrado.

Megalodón nos cuenta las desventuras de Jason Stathan, quien encarna a un buzo encargado de desarrollar misiones de rescate submarinas, a niveles de profundidad que van de los cinco a los diez mil kilómetros. Durante una misión y por motivos realmente improbables, incluso para la propia película, un tiburón prehistórico logra subir hasta la superficie. Ni siquiera el despliegue de efectos especiales logran sumergir al espectador en una película parchada; temas y clímax inconexos que son asimilados como parte de un todo revuelto.

El cine de monstruos sigue sin ceder la corona, Tiburón de 1975 aún conserva su título, y muy cerca también está Godzila. Este último tiene una simbología por su contexto que vale la pena una discusión aparte. Megalodón se queda muy por debajo de películas que han logrado permanecer en el inconsciente colectivo.

Sin embargo, la primera discusión continúa en la mesa. La Academia estadounidense podría conservar su credibilidad si se ajustara y respetara los consensos de la comunidad artística, y no claudicar por las situaciones políticas. El caso de Moonlight en 2017 es un ejemplo muy ilustrativo acerca de los mecanismos de selección de ganadores en tiempos de crisis.

Cualquier premio estará siempre sujeto a reglas subjetivas y contextuales que no siempre favorecen a la calidad artística. Los reconocimientos, en algunas ocasiones, responden a situaciones que no miran a los realizadores, sino a sus agendas políticas.

La decisión de la Academia no fue la más acertada, al contrario, ha sido recibida como un acto desesperado y que humilla a las posibles películas que se encuentren nominadas.

Para no cerrar esta columna de manera negativa, recomiendo ver Mad Max: Fury Road del 2017, la última trilogía de El Planeta de los Simios y los clásicos del cine ya mencionados líneas arriba, los cuales ondean con orgullo la bandera del cine de acción y que entregan calidad y, por supuesto, adrenalina.

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