El señor Abel Zamudio con sus 80 años de vida, sale todos los días a la Avenida Universidad para vender mazapanes, cada uno de ellos en $10 esperando sacar al menos una ganancia para la comida del día, pues si no es así, no habrá para llenar la panza.
De una manera muy sensible, nos contó que él es de Guanajuato, pero luego de que quedó huérfano a los 5 años, se vino a vivir a Morelia con su tío y al cumplir los 8 años, sentado en una mesa sus tíos le tocaron el hombro y le dijeron “Ya no te queremos más aquí”… Desde ahí el sufrimiento le ha perseguido, pues de adulto sufrió la pérdida de su hijo y después de su esposa.
“Pues para comer y pagar mi renta, irme sosteniendo, ir juntando de a poquito, pago 2,500 pesos al mes… si ya no me dan trabajo por la edad, en el centro no puedo andar porque me los quita el Ayuntamiento, quieren que pague permiso así que voy a pagarles a ello, mejor denme trabajo… Tengo necesidad, tengo hambre y ando pagando renta”.
Él comentó que han sido casi 4 meses los que lleva vendiendo mazapanes en este espacio de la avenida universidad, en el cruce a la calle Alberto Alvarado, desde las 9:00 de la mañana hasta las 3:00 de la tarde, queriendose quedar más tiempo pero en ocasiones sin fuerzas para seguir parado.
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Todos los días a las 8:00 de la mañana toma una combi, se baja y vuelve a tomar otra, cargando todo el tiempo con su carrito. Con lágrimas en los ojos expresó que de alguna manera esta actividad hace que se olvide de todos sus problemas, incluso aquellos de la infancia.
“A mí me gusta trabajar, para no aburrirme madre, para comer, para pagar mi renta, yo desde chico quedé huérfano… Se levanta mi tío de la mesa, me pone la mano y me dice ya se me larga de aquí no lo quiero más, yo tenía 8 años, estaba chiquillo”.
Desafortunadamente el estar solo le ha hecho estar vulnerable, pues le han asaltado en dos ocasiones, destrozándole su brazo, dedos y dañando su vista.
“Ya me han golpeado dos veces, me han asaltado… La primera fue en Plaza del Carmen de día, a las 6:30 de la mañana y la segunda en Carrillo, me quebraron mi dedo y mi brazo, me destrozaron mi vista por eso traigo lentes”.
Expresó que quizá su destino es estar solo, pues así ha estado la mayoría de su vida, pero igual agradece a quienes todos los días compran un mazapán, le regalan ropa e incluso comida, pues él no tiene sustento.
Si en algún momento pasas por esta zona, no dudes en apoyar al señor Abel, del cual tenemos la esperanza de que sus años no vayan pasando debajo de la banqueta vendiendo mazapanes para comer.

