Con 80 años de edad el señor José Juan Martínez Reyes lleva 30 años realizando arterias de pasta de caña, y pes e a la edad que tiene disfruta como el primer día el hacer cada uno de estas esculturas
Fue en el año de 1994 cuando el señor José Juan se involucró en oficialmente en el arte de hacer figuras a través de la pasta de caña una forma muy peculiar de elaborar artesanías en el municipio de Pátzcuaro, y es que de entre más de 2 docenas de personas, Don José fue de los pocos en poder manejar esta gran arte.
“En el año del 94 vino una persona diciendo que nos iba a enseñar a trabajar la pasta de caña, aquí no eran muchos , eran como 25 las personas que había, una d ellas tenía nociones de lo que era la estética del cuerpo humano, entonces nos hicieron a ver si estábamos aptos, y yo les gané y le enseñé a modelar”
Siendo distinguido en el municipio entre los aproximadamente 15 artesanos de Pátzcuaro que aún se dedican a esta tradición, don José ha sido reconocido por sus famosos cristos y la escultura de la danza del venado, destacando por el gran detalle que le otorga a las facciones de cada rostro que elabora, tardando de entre 3 a 4 meses para elaborar una pieza de un tamaño mediano.
Así, con la vista ya cansada por el desgaste que han mantenido sus ojos lo cual su tacto en conjunto con su experiencia son lo poco que le ha ayudado a seguir realizando cada una de estas piezas, dentro de su taller se siente como un niño dentro de un parque, disfrutando y dedicándole más de 4 horas a la elaboración de su arte.
“Yo vivo con el animo de pararme a trabajar, si los médicos me dicen que yo tengo esa y este el otro, que estoy enfermo de muchas cosas yo les digo que me paro todavía a trabajar porque el hacer esto aun sin ver por ya la experiencia que tengo, cada cosa y la voy tentando para mi es lo máximo seguir trabajando, soy como un niño chiquito con juguete nuevo, me paro todos los días, esa es la satisfacción que tengo en hacer una pieza de pasta de caña bien hecha sino, no”
Así, don José seguirá realizando con alegría cada uno de estas obras hasta que su vista se consuma, dejando su legado a su hija y esposa para poder preservar esta técnica prehispánica, la cual utilizaban los antiguos purhépechas para moldear a sus dioses, y hasta el momento hay tan sólo 15 personas en Pátzcuaro que se decían a esta técnica.

