En Morelia, el señor Alejandro Guzmán recorre con su carrito largas distancias, ofreciendo sus nieves para llevar el sustento a casa.
Entre las calles de la colonia Lomas de Guayangareo hasta Vasco de Quiroga, se puede ver un carrito que va empujando un adulto mayor… Al acercarte te encuentras con una deliciosa nieve y una historia de vida inigualable.
Alejandro Guzmán, mejor conocido como “Don Alejandro”, lleva vendiendo sus nieves 45 años por las calles de Morelia.
De vainilla, limón, calabaza, guanabana, pistache, cacahuate, fresa, chocolate, nuez, coco, capuchino y el sabor que se te venga a la mente, todos los prepara él, pero el toque especial, es la mermelada casera que le pone encima.
De la colonia Lomas de Guayangareo hasta Vasco de Quiroga, va recorriendo con su carrito a partir de las 11:00 de la mañana hasta las 6:00 pm.
El procedimiento de las nieves es inigualable, le pone corazón y experiencia:
“El proceso está en la mente porque no tengo ninguna medida de nada, a puro tanteo, según los litros de nieve que se vaya hacer pero son medida nadamás al puro tanteo”
El michoacano, nacido en Huandacareo, nos contó cómo empezó a hacer nieve… Al vivir en Ciudad de México con su esposa, visitaba a sus familiares en días de descanso, se acercaba a ver como se hacía la nieve y empezó a ir aprendiendo.
“Ellos vieron mi interés que tenía, me dijeron sabes que, vamos a irnos a Morelia, tengo un terreno que fincar allá, te gusta trabajar? Les dije si me gusta pero no tengo el equipo, me lo compraron”
Este ha sido el sustento de toda su familia y sus seis hijos, tres mujeres y tres hombres, todos trabajadores como su papá, una de ellas trabajando en el área de la salud.
Los fines de semana sus nietos le apoyan al ver su paso lento, pero entre semana Don Alejandro va cargando su carrito, enfrentándose a todo tipo de clima: extremo calor, frío o lluvia.
El cuerpo es sabio y de pronto los años comienzan a cobrar la cuenta, a sus 75 años, ya presenta algunos problemas de salud: “Traigo problemas pero no se si será la actividad, pero yo en la casa no estoy agusto, yo cuando salgo a trabajar platico con los clientes y con los niños, ahora si que por medio de ellos Dios me manda la bendición y llevo monedas a mi casa”
Ha visto pasar la vida frente a su carrito de nieve, tan querido por niños que ha conocido en las primarias, kinder y secundarias, que ahora, tras el transcurrir de los años ya son profesionistas y llevan a sus propios hijos a probar lo que ellos disfrutaban cuando eran pequeños.
“Clientes de la primaria Hijos del Ejército, el kinder Antonio Talavera y la México, uno de ellos salía corriendo por su nieve, ahora ya es médico y tiene sus hijos también”
Sobrevivente de Cáncer, aún en tratamiento, Don Alejandro sigue adelante, diciendo con orgullo que gracias a todos sus clientes él seguirá deleitando con sus ricas e inigualables nieves “hasta que Dios se lo permita”.
Una historia de vida, digna de contarse, una nieve digna de probar.
