La noche del 17 de mayo, lo que debía ser una salida ceremonial de Nueva York rumbo a Islandia se transformó en una tragedia; el buque escuela Cuauhtémoc de la Marina mexicana chocó contra la parte inferior del puente de Brooklyn, dejando dos marinos muertos y 19 heridos.
Un informe preliminar de la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte de EE. UU. ofrece las primeras pistas de lo ocurrido: un velero fuera de control, confusión en las órdenes y un remolcador que no logró evitar el impacto.
Según el documento, el práctico de mar abordó el velero alrededor de las 7:45 p.m. El buque zarpó del muelle 17 a las 8:16 p.m. con asistencia del remolcador Charles D. McAllister. Todo parecía bajo control hasta que el Cuauhtémoc, un navío de tres mástiles y 91 metros de eslora, comenzó a desplazarse en reversa, de forma inesperada.
A pesar de las órdenes para avanzar lentamente, el barco continuó retrocediendo, acelerando su velocidad de 3.3 a 5.9 nudos; los mástiles, ocupados en ese momento por marinos formados en vergas como parte de una tradición, impactaron violentamente con el puente, causando la tragedia.
El informe describe una cadena de comunicaciones indirectas: las órdenes del práctico eran dadas al capitán del Cuauhtémoc, quien las traducía y transmitía a la tripulación. Pero el velero no respondía. El remolcador trató de posicionarse en la popa para frenar el retroceso, pero ya era tarde.
Las causas reales aún no están claras. La NTSB aún no ha determinado por qué las órdenes no surtieron efecto, ni si hubo un fallo en los motores. La Marina mexicana, por su parte, también abrió una investigación interna que, según autoridades contempla error humano, fallas técnicas o mal uso del remolcador; sin embargo, el informe final podría tardar años.
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El almirante Raymundo Pedro Morales Ángeles, al mando de la Marina, responsabilizó inicialmente al piloto del puerto por la maniobra. Luego, matizó sus declaraciones y pidió esperar a los resultados de las investigaciones.
Mientras tanto, el Cuauhtémoc símbolo diplomático y de formación naval para México, queda marcado por un accidente que ha puesto bajo lupa los protocolos internacionales de navegación en zonas complejas como el puerto de Nueva York. La tragedia no solo evidenció fallas técnicas y humanas, sino también la fragilidad del diálogo entre dos marinas que, por un instante, no supieron hablar el mismo idioma.
Fuente: The New York Times
