
En otoño de 2023, durante una expedición en la sierra de Guerrero, el joven guía Adrián Beltrán Dimas y la espeleóloga rusa Yekaterina Katiya Pavlova encontraron algo sorprendente en la cueva de Tlayócoc, cerca de la comunidad de Carrizal de Bravo. Tras avanzar por un pasaje sumergido, llegaron a una sala oculta donde hallaron varios objetos antiguos colocados de manera especial, como parte de un posible ritual.
Entre los hallazgos destacan brazaletes de concha con grabados, una concha de caracol gigante y discos de piedra negra parecidos a antiguos espejos; algunos de estos objetos estaban colocados sobre estalagmitas, lo que sugiere que fueron colocadas intencionalmente hace siglos. Al notar la importancia del descubrimiento, los exploradores dieron aviso a las autoridades de la comunidad, quienes protegieron el sitio y pidieron apoyo al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), quienes viajaron al lugar en marzo de 2025, especialistas de este instituto para hacer una investigación más detallada.

Los investigadores confirmaron que las estalagmitas fueron modificadas por personas de la época prehispánica, para darles formas más redondeadas. Además de encontrar más piezas de piedra enterradas en el sedimento. En total, se registraron 14 objetos arqueológicos: tres brazaletes completos, un fragmento de pulsera, una gran concha marina, un pequeño trozo de madera quemada y ocho discos de piedra (Algunos completos, otros rotos).
Los brazaletes fueron hechos con conchas marinas, probablemente de la especie Triplofusus giganteus, y decorados con símbolos y líneas en zigzag, figuras en forma de “S” (llamado xonecuilli), círculos y rostros humanos de perfil; por su parte, los discos de piedra miden casi 10 centímetros de diámetro y tienen pequeñas perforaciones.
Según arqueólogos, estos objetos podrían haber sido colocados entre los años 950 y 1521 d.C., durante el periodo Posclásico, cuando la zona estaba habitada por un grupo indígena ya extinto llamado los Tlacotepehuas; mencionando que los brazaletes son similares a otros hallados en sitios arqueológico de Guerrero y regiones más alejadas como la Huasteca, lo que podría indicar intercambios culturales o comerciales.
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Este es el primer trabajo arqueológico que se realiza en Carrizal de Bravo, una comunidad ubicada a más de 2,300 metros de altura y rodeada de bosques. Sus habitantes, descendientes de pastores nahuas, han protegido el sitio con gran compromiso. El INAH planea continuar trabajando en la zona para fomentar el cuidado del patrimonio cultural y natural, y estudiar el estado de conservación de los objetos encontrados. por ahora, todas las piezas están bajo resguardo de las autoridades locales y han sido oficialmente registrados.
Fuente: Aristegui Noticias. INA
