Con más de 50 años dedicado a rodar en su bicicleta así como a tener su propio taller; por el amor a su esposa, don Gabriel ahora sólo recuerda con lágrimas aquellos recorridos y las historias que lleva en su corazón.
La vida del ser humano se basa en en disfrutar lo que más le apasiona, pero ¿que sucede cuando tienes que dejarlo?
Ese es el caso del señor Gabriel Rojas Acosta de 65 años, quien desde muy temprano edad conoció su pasión a las bicicletas, así como el amor hacia su esposa María Urueta; con quien lleva mas de 40 años de casado; sin embargo, después de recorrer cientos de kilómetros, si rodada se ha detenido.
Luego de que su esposa fuera víctima de una embolia, dejándola paralizada de su cuerpo así como una dificultad para hablar, el señor Gabriel tuvo que cerrar su pequeño taller y dejar de lado los recorridos en bicicleta.
“En el taller, pues tuve bastantes años ahí pues dando servicio en el taller, ahora precisamente el día 30 de este mes de julio mi esposa cumple 5 años de que tuvo problemas este cerebro circulatorios y pues quedó discapacitada quedó con secuelas de su problema y pues entre mi hija y yo estamos al pendiente de ella y pues ya no es posible dedicarme a trabajar en forma como lo hacía en el taller, ahora aquí en mi casa, casa de todos ustedes hago la actividad que puedo hacer de arreglar bicicletas en el tiempo libre que me queda pues para estar al pendiente de mi esposa”.
Y es que luego de tal desafortunado evento, el amor por su esposa y las memorias es lo que mantiene con alegría y entusiasmo a don Gabriel, quien hasta el día de hoy sigue arreglando bicicletas en su hogar, sin dejar de lado ninguno de sus dos grandes amores.
1:48“Yo empecé a aprender en las bicicletas en el año de 1970 en un taller de bicicletas que había por la calle de Guillermo Prieto; desde los 14 hasta los 16 estuve yo ahí con él; 4:42 pero el que me animó ya a que pusiera el taller fue en 1976 me dijo, ponte a arreglar bicicletas, y fue ya que conseguí el local que tengo ahí donde arreglaba las bicicletas”.
Don Gabriel, recorrió varias partes del estado de Michoacán, participando en recorridos nocturnos, así como en la peregrinación hacia la Ciudad de México; donde uno de los eventos que marcó su vida, fue la vista a esta ciudad justo después del temblor del 85.
“No era bueno pero si me gustaba andar ahí en el movimiento de las carreras, nunca he tenido mucha capacidad y Nunca he tenido capacidad económica y se requiere mucho la capacidad económica para practicarla con mayor facilidad; por ejemplo el día del temblor del 85 estaba la duda de que si íbamos a ir o no que si se iba a poder hacer, y si fuimos y cuando pasamos ahí en la ciudad vimos todos los escombros que quedaron de la después del temblor que estuvo fuerte, antes pasábamos para México, hay muchos recuerdos en la carretera de aquellos tiempos como estaba, los caminos entonces en aquellos tiempos también existían las unidades habitacionales como lo eran la Tlatelolco todas esas que fueron parte de las que tuvieron problemas”.
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Aún así, con cada uno de estos buenos y malos momentos, nada ha detenido al señor Gabriel, quien a través de los años y el esfuerzo que pone al cuidar a su esposa, aún sigue agradecido con todos los que lo han ayudado en el camino.
“si fue una situación muy difícil que si le complica a uno la situación, el primero fue esa situación de su problema y en seguida vino el problema del COVID que también nos hizo retrasarnos en las actividades;yo le doy gracias a dios que hasta ahorita estamos todavía intentando seguir adelante; pues para sustentarnos lo poco que gano; en los grupos de los peregrinos también hicieron colectas también nos apoyaron, y comenzamos así recibiendo apoyos, amigos que me han conocido y me preguntan ¿cómo estás? Y les comentó mi situación y es complicado”.
Con la poca ganancia que tiene al reparar bicicletas y la ayuda que le brinda su hija, Don Gabriel sigue con la fe puesta, haciendo su trabajo de forma honrada, y aprovechando cada peso y cada apoyo que llega a sus manos.
