Tras las marchas de cada 8 de marzo surgen muchas molestias de los ciudadanos, entre las más destacadas está el enojo por la intervención de las mujeres feministas sobre las paredes de edificios históricos y monumentos de la ciudad, lo que lleva a una gran parte de la gente a llamarle vandalismo, sin embargo, este concepto con el que catalogan estos actos resulta ser erróneo. Se puede estar en contra o a favor, pero se tiene que tener en claro el concepto primero.
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La iconoclasia va más allá de solo pintar paredes, rayar puertas o ensuciar monumentos, se hace con un propósito: enseñarle a las personas que hay un problema real. En el caso del feminismo dan a conocer los problemas generados por la violencia de genero, el machismo sistemático, la inequidad económica y otros conceptos que merecen un texto por sí solos. Por el otro lado el vandalismo es tan solo destrucción sin un propósito.
La cosa es que estas intervenciones molestan tanto a la gente que los movimientos feministas logran probar su punto: a los ciudadanos les resulta más doloso que se vea manchada la imagen de su ciudad que la impunidad con la que gozan los feminicidas. Por otro lado estas intervenciones han dado resultados positivos; el mundo voltea a ver, las voces de las mujeres son más escuchadas y las autoridades comienzan a darse cuenta que las mujeres no van a quedarse calladas.

