Cuando acudimos a los mercados de nuestra ciudad, es común encontrarnos con la venta de loros, pericos, y cotorros; o más aún, tenemos algún conocido que tiene estas aves endémicas como mascota en sus hogares, un delito que se castiga hasta con 9 años de cárcel.
Fue partir del 2008 que a través del Artículo 60º de la ley general de la vida silvestre, se decretó ilegal la extracción y comercialización de psitácidos en México, es decir, la familia de pericos y Guacamayas.
En el territorio Nacional, existen 22 especies y ninguna es legal, pues se contemplan en una categoría de riesgo, de las cuales 11 se encuentran en peligro de extinción, 7 amenazadas y 4 vulnerables.
En entrevista exclusiva para Grupo CB, el biólogo Arturo Armentó, dedicado al cuidado de la vida silvestre, comentó que de los Mercados establecidos en Morelia, “San Juan” es donde continuamente se reporta la venta ilegal de estas especies, mientras que de los ambulantes, el ubicado en la avenida Pedregal, también participa en este delito.
“En los últimos años se ha incrementado la compra de psitácidos en México en general, en Michoacán, aquí mismo en la ciudad de Morelia; pero es por lo mismo por la demanda que tienen los traficantes. Si la población dejara de fomentar el comercio de estas aves reduciría un poco el riesgo y la comercialización de las aves, pero aún no llegamos a ese grado de conciencia”, explicó Arturo.
En su llegada a los merados, las aves son sometidas a prácticas violentas, como cortes en los huesos de sus picos o alas para evitar que vuelen, y así promover fácilmente su venta.
“El maltrato animal empieza desde que son extraídos del hábitat porque los tomas desde que son pequeños, desde que son polluelos porque ni siquiera han emplumado y no terminan de concluir el desarrollo como deberían con su madre o su padre, también en el transporte se vienen apretados para evadir retenes y muchos de ellos muere. Para que un periquito o una ave de estas llegue al mercado mueren otras 10 15 tal vez”, enfatizó.
Armenta explicó que la liberación de los periquitos comienza desde las denuncias anónimas que reportan la venta o la crianza domestica ilegal; para luego acudir al lugar y solicitar los permisos necesarios otorgados por organismos federales. Si los responsables no cuentan con lo requerido, los polluelos pasan al cuidado de expertos de la vida silvestre.
“Primero entra en una especie de valuación para ver si el ejemplar está en condiciones buenas de salud y en dado de que sí, de inmediato se prosigue a la liberación, la reubicación. De acuerdo a la especie porque no se puede liberar en cualquier lugar. Y en el caso de las aves que tiene las alas rotas, ya no se pueden liberar en cualquier lugar y en el caso de las aves que tiene las alas rotas ya no se pueden liberar, lo que se hace es que se trasladan a unidades de manejo donde ya son con fines reproductivos y una vez que tengan crías y si se pueden liberar en el medio silvestre una vez que se pueda completar una maduración” detalló.
Arturo pidió a la ciudadanía, hacer conciencia de la gravedad de normalizar el maltrato animal lo que contribuye a la extinción de especies en el país, e invito a reportar ante la procuraduría federal de protección al ambiente (PROFEPA) a quienes mantengan estas aves en sus domicilios o se dedique a comercializarlas.
