El milagro de la Virgen de Guadalupe ha acompañado a los devotos que anualmente la visitan. De rodillas o descalzos, cada uno se presenta con la morenita con historias y deseos diferentes.
Es el caso de Lizbeth Tapia, quien acompañada de su pequeño y su mamá, cada año acude al santuario de la Virgen de Guadalupe a pagar las mandas por los milagros cumplidos.
Lizbeth compartió que la devoción viene de una herencia familiar, pues en cada generación, las mujeres han acudido con la guadalupana al pago de mandas.
“Las primeras mandas que yo hice fueron de la entrada del templo hacia dónde está ella de rodillas. Ya tengo como tres años viniéndome descalza desde mi casa a venir a verla a ella. Pero esos si son los milagros que ella nos cumple”, explicó Tapia.
Recordó que su relación con la virgen de Guadalupe comenzó cuando Lizbeth tenía 8 años, y sus encomiendas eran para aliviar de enfermedades a su mamá .
“A mi hijo (…) enfermo y enfermo y ella me lo curo, y gracias a ella ahí lo tengo a mi hijo. También a mi mamá de muchas me la ha sacado a delante. A toda mi familia, también a mi hermana es muy devoto, también ella hace sus mandas”, comentó Lizbeth.
Detalló que desde la colonia Tapia Poniente comenzó la caminata descalza, atravesando el centro histórico de Morelia hasta llegar al santuario, donde cambió su paso y de rodillas llegó en agradecimiento a la morenita.

