COVID-19, educación y discapacidad

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Indagaciones Estratégicas
COVID-19, educación y discapacidad

Carmen Cabrera

En los últimos 4 meses desde que el gobernador del Estado, Silvano Aureoles Conejo, anunció la suspensión de las clases en todo el estado como medida preventiva del contagio del COVID-19, las autoridades, medios de comunicación y sociedad hemos estado al pendiente de las cifras de personas contagiadas y de las vidas que se han perdido por esta causa.

La epidemia no llegó sola, trajo consigo una crisis económica y ha dejado ver lo vulnerables que somos los seres humanos y, por supuesto, la fragilidad y carencias que subsisten en diferentes áreas de gobierno.

El impacto de la pandemia en la salud es obvia; después la preocupación se centró en lo económico, hoy es el tema de la educación y aquí me detengo.
Las clases escolares presenciales se han pospuesto hasta nuevo aviso. Los niños no podrán asistir a las escuelas hasta que existan las condiciones adecuadas.

Es decir, hasta que el nivel de contagio esté controlado y las cifras vayan a la baja. Por ahora, ese escenario se ve lejano.

Sin embargo, retomarán el ciclo escolar de manera virtual. Ya de por sí, significa un enorme reto para la educación en México. Qué implica las clases en línea, que los niños tengan acceso a internet y un dispositivo para poderse conectar y trabajar.

Según las estadísticas del INEGI, a través de la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH-2019) casi el 77% de los hogares en zonas urbanas y el 47% en zonas rurales es usuaria de internet; el 44% de los hogares del país cuenta con computadora.

Los principales medios para la conexión son el celular (Smartphone) 95%; computadora portátil 33% y computadora de escritorio 29%.
Esas son las estadísticas a nivel nacional y por zona urbana rural.

Por supuesto que habrá diferencias marcadas entre un estado u otro.
Como sea, se puede decir que el derecho a la educación aun en tiempo de pandemia se está garantizando.

Pero, qué sucede con la población escolar que tiene una discapacidad, esa que acude a una escuela de educación especial; y sobre todo, aquellos niños que su condición no les permite mantener la atención en un dispositivo, y que las formas de enseñanza- aprendizaje son completamente diferentes a las de los niños regulares.

Para ellos nada he escuchado al respecto.
Así, la educación especial es todavía un reto mayor, la necesidad de contar con una política pública integral para este sector de la población hoy se hace urgente.

Los niños con discapacidad asisten a la escuela no sólo a recibir educación adecuada a sus necesidades, sino que también es para muchos el único espacio de esparcimiento y socialización con sus iguales y maestras. Ahí, en el colegio reciben terapia de lenguaje, ocupacional, rehabilitación física y realizan una variedad de actividades que les permiten desarrollar sus habilidades.

Sin duda, es un tema de acceso a la educación, pero también de sensibilidad, hasta ahora ninguna autoridad ha hablado de ellos. No se ha anunciado ninguna acción educativa para esta población. En un artículo anterior mencioné los programas que existen para esta población. Son dos; las escuelas de educación especial y las becas de bienestar para personas con discapacidad. Por ahora, sólo se quedan con una.

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