Indagaciones Estratégicas
La confiabilidad en las encuestas
Carmen Cabrera*
Para que una encuesta sea catalogada como confiable debe de contener varios elementos. Para mí, son dos los de mayor cuidado.
El primero, es el tamaño de la muestra. Este dependerá del nivel de precisión con el que se desea conocer un dato. Por ejemplo, en las encuestas electorales, de las variables que se miden la más importante es la intención de voto. Y la precisión será mayor, si la preferencia del electorado es muy cerrada entre dos o más candidatos. Entonces, en este sentido, aplicaría que entre más grande el tamaño de la muestra, mayor precisión. Y esto, sucede porque el margen de error se reduce. El tamaño de la muestra y el margen de error están estrechamente relacionados.
Ante esa lógica, entonces, deberían hacerse encuestas con muestras grandes o un número de casos muy elevado. Es verdad. Pero, también se debe considerar el esfuerzo y tiempo que se invierte en muestras demasiado grandes. Es decir, la información debe ser objetiva, precisa, representativa y oportuna. Entonces, podemos resumir que el tamaño de la muestra debe ser lo suficientemente pequeña que garantice la representatividad de la población y permita hacer inferencias de la misma.
Otra razón por la que el tamaño de la muestra debe ser manejable, es que la reducción del margen de error no es proporcional al tamaño de la muestra. Les daré un ejemplo: en una muestra con 400 casos se obtiene un margen de error de +/- 4.9 %, mientras que una encuesta de 1600 casos, se tiene un margen de error de 2.5 %. Es decir, se aumentó cuatro veces el tamaño de la muestra y se redujo dos puntos porcentuales en el margen de error.
Otro dato importante que tiene que ver con la muestra, es de dónde se selecciona ésta. Es decir, cuál es el espacio muestra. No es lo mismo seleccionar casas para levantar encuestas en domicilio, que hacerlas por teléfono, ya sea fijo o celular, o bien las muy puestas de moda encuestas por internet o redes sociales.
Cuando una muestra no es representativa de la población se dice que existe un sesgo. Por ejemplo, cuando no se capta la opinión de un sector importante de la población: personas que no tienen acceso a internet, que no tienen celular, jóvenes, de cierto nivel socioeconómico, etc.,
El segundo elemento que le da confiabilidad a una encuesta es el conjunto de preguntas que se hacen, es más, tiene que ver en cómo se estructuran o redactan las preguntas. Pareciera fácil hacer preguntas, pero hay toda una serie de reglas para su formulación. De ello depende que la información recabada sea clara, objetiva y precisa. Las preguntas no deben dar lugar a la interpretación, ni ser ambiguas; mucho menos ser inducidas.
La próxima vez que lea una encuesta, no deje de ver la vitrina metodológica ahí deberá encontrar estos datos de la muestra; también tendrá que venir cómo se formuló exactamente la pregunta.
Por último, las encuestas no son “bolas de cristal” en las que se pueda leer el futuro, pero sí tienen la virtud de brindar información objetiva, representativa, oportuna y veraz para la toma de decisiones. Puede ser, la decisión de contender o no en un puesto de elección popular. Siempre y cuando cumplan los criterios metodológicos y científicos adecuados.
*La autora es Directora de INDES, psicóloga social, maestra en demografía y actualmente cursa la maestría en Administración y Políticas Públicas.
